Con la llegada de la temporada de lluvias, el mantenimiento preventivo de una motocicleta cobra mayor relevancia. Entre todos los componentes, las llantas son uno de los elementos más importantes para la seguridad, ya que son el único punto de contacto entre la moto y el pavimento. Un neumático en mal estado puede comprometer frenado, estabilidad y capacidad de maniobra sobre superficies mojadas.
El primer aspecto a revisar es el dibujo o profundidad de la banda de rodadura. Los surcos de una llanta cumplen la función de evacuar agua y mantener contacto con el asfalto. Si están demasiado desgastados, el riesgo de derrape o pérdida de tracción aumenta considerablemente. Especialistas recomiendan revisar que la profundidad no esté por debajo del límite indicado por el fabricante o de los testigos de desgaste integrados en ella.

También es importante inspeccionar visualmente ambas llantas en busca de grietas, deformaciones, protuberancias, cortes o incrustaciones de objetos como clavos, piedras o fragmentos metálicos. Aunque algunos daños parezcan menores, pueden debilitar la estructura del neumático y generar fallas repentinas.
La presión de inflado es otro factor clave. Rodar con presión baja incrementa desgaste irregular, reduce estabilidad y afecta respuesta en curvas. Por el contrario, una presión excesiva disminuye superficie de contacto con el pavimento. Lo ideal es medirla con un manómetro confiable cuando las llantas estén frías y ajustarla según las especificaciones del fabricante.
Observaciones que no deben pasar desapercibidas
Además, conviene verificar la fecha de fabricación. Incluso si el dibujo parece en buen estado, una llanta demasiado antigua puede endurecerse y perder adherencia. Generalmente, los neumáticos muestran su fecha mediante un código grabado en el costado.
Revisar alineación y balanceo también resulta recomendable antes de la temporada de lluvias, ya que ambos factores influyen en estabilidad y desgaste uniforme. Si la motocicleta permanece mucho tiempo estacionada, es útil comprobar que las llantas no presenten deformaciones por falta de uso o exposición prolongada al sol.