La era de dominio absoluto de Red Bull Racing parece haberse disuelto definitivamente. Lo que comenzó como una señal de alarma en 2025 se ha transformado en una crisis de identidad para el equipo. Lo que sucedió este fin de semana con el primer abandono de Max Verstappen en la temporada 2026 y un feroz ataque verbal del neerlandés hacia la nueva normativa de la Fórmula 1.
Atrás quedaron los años (2021-2024) donde Verstappen gestionaba las carreras desde la punta. En este 2026, la realidad del RB22 es radicalmente distinta. Mientras Mercedes y Ferrari parece que tienen el equilibrio perfecto de potencia, entre el motor térmico y el eléctrico, Red Bull parece atrapado en un laberinto técnico.

Verstappen apenas logró rescatar una 8.ª posición en la Q3, lejos de los tiempos de referencia. Tras una salida fallida con neumáticos blandos, el tricampeón se vio sumergido en una lucha interna. En lugar de pelear con Hamilton o Norris, Max tuvo que defenderse de los ataques de los Haas, los Alpine e incluso de Arvid Lindblad (Racing Bulls).
Esto terminó prematuramente en el giro 46, cuando el motor del RB22 dijo basta. Sin embargo, lo más impactante no fue el humo saliendo de la parte trasera del monoplaza, sino las declaraciones de un Verstappen visiblemente frustrado en el famoso corralito de prensa.
"Esto no son carreras", sentenció Max con dureza. "Pasamos más tiempo gestionando niveles de batería y flujos de energía que atacando al límite. Cuando tus rivales directos pasan a ser el mediocampo porque tu tecnología no puede sostener el ritmo, te das cuenta de que el ADN de la competición ha cambiado para mal".
El neerlandés dirigió sus palabras directamente a la FIA, cuestionando si el reglamento técnico de 2026 ha priorizado la complejidad política y la eficiencia eléctrica por encima del espectáculo.