Los años 2000 fueron una época de profundos cambios para el deporte motor y el Deltawing, un extraño y velocísimo monoplaza fue una verdadera revolución de aquel tiempo que, desafortunadamente, nunca llegó a su máximo potencial.
En aquél tiempo la F1 estaba consolidando el diseño que tendría hasta 2010; el WEC estaba estrenando categorías como la LMP2 y la IndyCar Association estaba buscando un nuevo concepto para sus monoplazas: fue exactamente ahí donde entró en escena el Deltawing.
Era Ben Bowlby, ingeniero e inventor, el que se encontraba empujando su visionario proyecto. Lo presentó a la liga americana de monoplazas para concursar por el diseño de la nueva generación de autos de la liga, en 2010.
Sin embargo, la IndyCar no valoró el proyecto. Era un monoplaza de cabina abierta muy extraño, con forma de flecha.
A 12 años de esta revolución que quedó en el aire, pero que demostró el potencial real de exploración dentro del deporte, recordamos al auto por lo que hizo y lo que pudo ser.

El revolucionario diseño del raro monoplaza
El auto no tenía alerones traseros o delanteros, ni algún otro dispositivo aerodinámico. Todo su ‘grip’ o ‘downforce’ lo tomaba el Deltawing de unos túneles Venturi ubicados en el piso del monoplaza.
Este diseño estaba de hecho prestado del diseño de la IndyCar de 1989. Gracias a estas innovaciones, el Deltawing tenía un coeficiente de arrastre y resistencia al viento de apenas 0.24.
Frente a los monoplazas comunes de la IndyCar, el Deltawing tenía la mitad del peso, la mitad de potencia, e incluso quemaba la mitad de combustible, a cambio de una velocidad tope, gracias a un motor de 300 caballos de fuerza de Nissan.
Era un motor de 1.6 litros turbo de cuatro cilindros que venía del Nissan Juke. Con todo ello, el diseño de Ben Bowlby fue rechazado y con ello comenzó su brevísima historia en las carreras.
Deltawing y su breve carrera deportiva
Poco después de su rechazo en la IndyCar, Don Panoz, fundador de la American Le Mans Series (ALMS) decidió apoyar el proyecto del Bowlby y se convirtió en su socio principal.
Lo ingresó como un competidor experimental en las 24 Horas de Le Mans de 2012; el piloto sería Marini Franchitti y correría con un auto prototipo, no terminado.
Tenía una caja de velocidades sin sistema hidráulico, ningún sistema de control y un diferencial abierto; a pesar de todo, calificó en el lugar 29 general, venciendo incluso a autos consagrados de la LMP2, con la mitad del consumo de combustible.
Sin embargo, hacia la hora 6 de la carrera, el Deltawing tuvo un contacto con un Toyota y salió disparado fuera de la pista, obligando a Bowlby y a todo el equipo a abandonar la competencia.
Ese mismo año el auto volvió a correr en las 10 Horas de Road Atlanta, y dominó por completo las prácticas y la clasificación, lo que enfureció a otros competidores.
El diseño extraño y la velocidad del pequeño bólido incomodaron a otros veteranos de la carrera y presionaron a Panoz para que le impusiera restricciones deportivas.
Panoz, en un intento por controlar la crisis, le impuso al Deltawing una serie de penalizaciones que incluían un arranque desde el pit y no desde la parrilla.
A pesar de todo ello, Lucas Ordonez, el piloto, terminó en una P5 general. En su opinión, de no haber tenido tales restricciones, el auto habría llegado al podio.
Deltawing, la revolución que nunca fue
Estas tensiones quebraron la relación de Panoz con Bowlby, quienes iniciaron una batalla legal por el proyecto.
Panoz se quedó con la propiedad intelectual del proyecto y se unió a Mazda para la ALMS de 2013 con la que consiguió varios podios. Sin embargo, para el año siguiente las regulaciones de la liga volvieron imposible el ingreso del prototipo, por lo que Panoz guardó todo en el garage.
Por su parte, Bowlby se unió a Nissan y crearon un Deltawing mejorado con motor híbrido, fue el Nissan ZEOD RC, y que alcanzó velocidades de 300 kilómetros por hora en las 24 Horas de Le Mans de 2014.
Sin embargo, una falla en la caja de velocidades en la vuelta 5 terminaron la carrera del auto y Nissan decidió no invertir más en el proyecto, dando por terminada una auténtica revolución que apenas inició, sucumbió ante la realidad del deporte.