Bajo el nombre de Russo-Balt, una histórica marca automotriz que no fabricaba un vehículo desde 1918, ha nacido la F200 EV: una furgoneta eléctrica de acero inoxidable que parece salida directamente de una película de ciencia ficción.
Lo más curioso de este lanzamiento no es solo su diseño angular, sino su origen: los creadores de este gigante eléctrico son expertos en la fabricación de dispensadores de agua de acero inoxidable.

La F200 no es un simple prototipo de exhibición; ya ha sido captada circulando por vías públicas, confirmando que su producción bajo pedido es una realidad. Su carrocería, compuesta por paneles de acero inoxidable soldados artesanalmente, promete una durabilidad casi absurda: la marca ofrece una garantía de 100 años para la estructura exterior.
A diferencia de muchos eléctricos que sufren en climas gélidos, la Russo-Balt F200 ha sido concebida como un refugio térmico. Prácticamente todas las superficies críticas son calefactables: desde los asientos y el volante hasta los espejos y los limpiaparabrisas.

En su interior, la tecnología no se queda atrás. Cuenta con una pantalla táctil de 14 pulgadas para gestionar el infoentretenimiento y un sistema de cámaras de 360 grados con capacidad de transmisión en vivo, ideal para la seguridad en entornos comerciales. Además, cuenta con suspensión neumática trasera de serie para facilitar la carga y descarga de mercancías.
La potencia proviene de un único motor eléctrico con 200 CV que se transmiten a las ruedas delanteras. Una batería de 115 kWh proporciona una autonomía declarada de 400 kilómetros, con carga rápida de CC disponible a través de un puerto delantero.
Lo que es innegable es que la estética "Cyber" ha encontrado un nicho en Rusia, y la promesa de una carrocería que dure un siglo es un argumento de venta poderoso, aunque el precio de 85,200 dólares la sitúa en el segmento premium de los vehículos de carga.