Esta tecnología busca eliminar los pesados cables en casa, Porsche promete transformar la experiencia de un vehículo eléctrico (EV), aunque requiere una inversión inicial que pondrá a prueba aquellos que quieran ser los primeros en tener carga por inducción.
El sistema funciona mediante una bobina transmisora que convierte la corriente alterna de la red en energía inalámbrica, la cual es captada por una bobina secundaria situada en la parte baja del Cayenne. Con una potencia de 11 kW, esta solución no solo es estética, sino que supera en velocidad a los conectores convencionales de Porsche, en lugares como Estados Unidos sería la opción de carga doméstica más rápida.

Alinear el vehículo sobre la plataforma es una tarea de precisión digital asistida por el sistema Surround View. El software del Cayenne muestra una interfaz donde un punto verde debe encajar dentro de un círculo para iniciar la transferencia de energía; una vez posicionada, se realiza un intercambio de datos cifrados para evitar el robo de electricidad. Este enfoque garantiza que la carga inalámbrica sea tan segura como eficiente, permitiendo que el usuario simplemente estacione y se olvide de todo lo demás.
Uno de los puntos fuertes de esta patente, alcanzando entre el 89% y el 92% en condiciones reales. Estas cifras superan con creces el 60% de eficiencia que ofrecen las tomas de corriente domésticas de Nivel 1, demostrando que la inducción puede ser el futuro de la carga. Además, la placa es totalmente impermeable y cuenta con sensores de detección de objetos extraños para detener el flujo eléctrico si, por ejemplo, una mascota se cruza en el camino.

El principal obstáculo para la adopción masiva de este sistema reside en su elevado costo. En Norteamérica, el hardware tiene un precio cercano a los 8,150 dólares o lo que serían $160,000 pesos aproximadamente, (sumando la placa y el equipo interno del auto), lo que es equivalente a un Volkswagen Vento de segunda mano. Esta cifra tardaría unos 15 años en amortizarse solo por ahorros de eficiencia. Para Michael Steiner, jefe de I+D de Porsche, la meta es la conveniencia: cargar un coche nunca había sido tan fácil, siempre y cuando el presupuesto no sea una limitante.