Ferrari propone una nueva mecánica que rompe con décadas de tradición al dividir el bloque en dos motores independientes de seis cilindros en línea. Estos dos propulsores, dispuestos en forma de V, funcionan de manera autónoma y están acoplados a sus propios generadores eléctricos. Esta configuración permite una gestión energética, ya que el sistema puede activar o desactivar cada bloque según la demanda, permitiendo que operen siempre en su rango de máxima eficiencia.
El esquema de híbrido en serie elimina la necesidad de una caja de cambios convencional, simplificando la transmisión y reduciendo drásticamente las pérdidas mecánicas. Al no haber conexión física entre el motor de combustión y el eje, la energía generada fluye hacia una batería situada en el piso del chasis, la cual alimenta uno o varios motores eléctricos encargados de la tracción. Es, en esencia, un vehículo eléctrico de autonomía extendida, pero con el ADN del Cavalino Rampante. Similar al que se usa con el Ferrari 296 GTB.

Mantener la identidad es la prioridad absoluta para los ingenieros de Maranello en esta transición. La patente contempla que ambos bloques de seis cilindros puedan funcionar a regímenes distintos para generar perfiles sonoros diferenciados, evitando la sensación acústica de los sistemas eléctricos actuales. El objetivo es que el conductor siga experimentando la progresión y la sinfonía de un motor de combustión, incluso si este solo actúa como soporte energético.
Al optimizar el rendimiento térmico de manera independiente a la velocidad del vehículo, Ferrari logra una eficiencia que un V12 tradicional nunca podría alcanzar bajo las normativas actuales, manteniendo viva la llama de sus motores más icónicos.