Las primeras pruebas de pretemporada de la Fórmula 1 han encendido las alarmas en torno a uno de los momentos más decisivos de cada Gran Premio: la salida. La nueva generación de autos, impulsada por las unidades de potencia de 2026, presenta un comportamiento distinto que complica el procedimiento desde la parrilla y podría alterar de forma significativa el desarrollo de las carreras.
El origen del problema está en la arquitectura del nuevo motor. Con la eliminación del MGU-H, el sistema que ayudaba a mantener el turbo en su rango óptimo de funcionamiento, los equipos tienen ahora menos control sobre la respuesta inmediata del propulsor. Esto obliga a mantener el motor a revoluciones muy altas durante más tiempo para colocar el turbocompresor en la “ventana” correcta antes de soltar el embrague.
Dicha situación no solo hace más complejo el procedimiento para los pilotos, sino que también incrementa la posibilidad de errores y de salidas irregulares. En los test de Bahréin se observaron preparaciones más lentas y diferencias notables entre autos al momento de arrancar, un escenario que ya ha motivado a los equipos a solicitar ajustes reglamentarios antes del inicio de la temporada.

Una mala salida puede costar siete puestos, según Piastri
El impacto deportivo de este fenómeno podría ser enorme. Oscar Piastri advirtió que una arrancada deficiente en 2026 podría traducirse en la pérdida de hasta siete posiciones en los primeros metros, debido a que las diferencias en la entrega de potencia serán más marcadas que en la generación actual.
Durante simulaciones de salida realizadas en pretemporada se registraron casos en los que varios autos quedaron prácticamente detenidos en la parrilla, evidenciando lo delicado del nuevo procedimiento y el riesgo de incidentes si no se perfecciona el sistema.