Freelander abandona el baúl de los recuerdos para transformarse en una marca independiente. Jaguar Land Rover (JLR) ha decidido rescatar este nombre no como un modelo individual, sino como una firma completa. Este movimiento forma parte de la estrategia "House of Brands" del grupo británico, posicionando a Freelander junto a Range Rover, Defender y Discovery.
Es el resultado de una ambiciosa joint venture con el gigante chino Chery, el conglomerado detrás de marcas con fuerte presencia actual como Omoda, Jaecoo y Ebro. El objetivo es combinar el diseño británico con las plataformas tecnológicas de Chery. Con esta unión, Freelander pretende atacar el segmento de los SUV eléctricos con enfoque todoterreno.

Se trata del Freelander Concept 97, un prototipo que equilibra el ADN retro con el minimalismo futurista. A diferencia de las líneas agresivas de otros modelos del grupo, este concepto recupera la silueta cuadrada y el emblemático pilar C diagonal del Freelander original de los años 90. Su frontal prescinde de parrillas tradicionales, apostando por una firma lumínica moderna y una carrocería bitono que resalta su carácter de aventura urbana.
La cabina presenta pantallas que recorren de extremo a extremo, una configuración que recuerda a los lanzamientos más recientes de las marcas alemanas premium. Pese a ser un prototipo con puertas de apertura inversa, los materiales y la disposición de los mandos sugieren un vehículo que está muy cerca de entrar en las líneas de producción masiva.

Gracias a la arquitectura de Chery, los nuevos modelos Freelander utilizarán sistemas de autonomía extendida (EREV) y motores 100% eléctricos con arquitectura de 800V. Esta flexibilidad permitirá a la marca ofrecer vehículos capaces de realizar largos trayectos sin la ansiedad de carga, un factor clave para los usuarios que buscan un SUV para el uso diario y de fin de semana.
JLR planea desplegar una familia de seis modelos distintos bajo el sello Freelander, cubriendo diversos nichos del mercado de lujo accesible.