La verificación vehicular es un procedimiento obligatorio en varias entidades del país, incluida la Ciudad de México, donde los autos deben cumplir con límites específicos de emisiones contaminantes para poder circular sin restricciones. Cuando una unidad presenta fallas mecánicas o sistemas contaminantes deteriorados, puede ser rechazado en el verificentro y deberá repararse antes de intentar nuevamente el trámite.
Una de las causas más frecuentes de rechazo es el mal funcionamiento del convertidor catalítico. Este componente forma parte del sistema de escape y tiene la función de reducir los gases contaminantes generados por el motor. Cuando el catalizador está dañado, obstruido o demasiado desgastado, las emisiones de hidrocarburos y monóxido de carbono aumentan, lo que impide que el vehículo pase la prueba.

Otra falla común se relaciona con las bujías y el sistema de encendido. Si están desgastadas o en mal estado, la combustión dentro del motor no se realiza correctamente. Esto provoca que el auto queme más combustible del necesario y genere mayores niveles de contaminantes, lo que suele reflejarse en resultados negativos durante la verificación.
El sensor de oxígeno, también conocido como sensor O2, es otro componente clave. Este mide la cantidad de oxígeno presente en los gases del escape y ayuda a la computadora del vehículo a ajustar la mezcla de aire y combustible. Cuando el sensor falla, el motor puede trabajar con una mezcla incorrecta, lo que incrementa las emisiones contaminantes.
Más razones por las que un auto no pasa la verificación
Asimismo, los problemas en el sistema de inyección de combustible pueden causar rechazo en la prueba. Inyectores sucios o con fallas alteran el proceso de combustión y generan emisiones más altas de lo permitido.
Finalmente, los filtros de aire sucios o saturados también influyen en el desempeño del motor. Cuando el flujo de aire hacia el motor es limitado, la combustión se vuelve menos eficiente y aumenta la contaminación.