En la Ciudad de México, un auto puede ser enviado al corralón por diferentes motivos, como estacionarse en lugares prohibidos, participar en un accidente, incumplir el programa Hoy No Circula o cometer alguna infracción grave al reglamento de tránsito. Cuando esto ocurre, es trasladado a un depósito vehicular y el propietario debe seguir un proceso específico para liberarlo.
Lo primero es identificar en qué depósito se encuentra el auto. Esto puede hacerse consultando el portal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX o llamando a sus líneas de atención. Con la placa del vehículo es posible localizar el corralón donde fue ingresado.

Una vez ubicado el depósito, el propietario debe reunir la documentación necesaria. Generalmente se solicita una identificación oficial, la tarjeta de circulación del vehículo, la licencia de conducir vigente y, en algunos casos, un documento que acredite la propiedad. Si el trámite lo realiza otra persona, es posible que se requiera una carta poder.
El siguiente paso consiste en pagar las multas y los cargos correspondientes. Esto incluye la infracción que provocó el retiro del auto, el costo del arrastre realizado por la grúa y los días de resguardo en el depósito vehicular. Estos pueden realizarse en línea o en centros autorizados, dependiendo del tipo de multa.
Libera tu auto lo más pronto posible
Después de cubrir los pagos, el propietario debe presentar los comprobantes en el corralón. El personal revisará la documentación y verificará que no existan adeudos pendientes relacionados con el carro. Si todo está en orden, se autoriza la liberación del mismo.
Cabe destacar que, es importante acudir lo antes posible, ya que los costos de estancia en el corralón se acumulan por día. Mientras más tiempo permanezca el auto en el depósito, mayor será el monto a pagar para recuperarlo.